Las guaguas en Manila

Subirse a uno de los buses tradicionales de la capital filipina representa una vivencia muy auténtica. Los ves por todas partes recorriendo la ciudad, coloridos, desvencijados y llenos de locales que van de un sitio a otro. Las guaguas en Manila nada tienen que ver con las líneas de autobuses que conocemos. Ni una parada al uso, ni una indicación de dirección o destino, ni una referencia de precio.

Las veíamos pasar de un lado a otro. Cada una distinta de la anterior, tuneadas con dibujos y colores de todo tipo- algunas incluso con luces de colores- y parando ante la señal de una persona. Queríamos probar esa experiencia desde la más absoluta ignorancia. Así que, sin más, nos plantamos en medio de una calle y siguiendo lo de «donde fueres haz lo que vieres», levantamos la mano y esperamos a ver qué ocurría. Y sí, la guagua paró y se abrió un portón trasero con un banco lateral corrido a cada lado. El interior estaba repleto de personas que nos miraban, sin dejar de sonreir, con cara de «éstos dónde irán». Y con toda la razón porque efectivamente no teníamos ni idea de donde nos encaminábamos ni hacia donde queríamos dirigirnos. Simplemente nos habíamos dejado llevar para disfrutar de la ciudad desde otra perspectiva y con otros compañeros de viaje.

Ya no recuerdo ni cuanto pagamos por el trayecto. Acercamos un billete que fue pasando de mano en mano hasta llegar al conductor. Y con las vueltas ocurrió lo mismo pero a la inversa. Y cuando llevábamos un rato recorriendo diversas calles de Manila, nos bajamos con un grupo de personas antes de que fuera demasiado tarde y acabáramos en cualquier suburbio. Obviamente, lo siguiente fue coger un taxi para volver al hotel pero la experiencia mereció la pena.

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