El tesoro escondido de Petra

Tod@s hemos visto la instantánea del enclave arqueológico de Petra un millón de veces y cada una de ellas sorprende e impresiona. Pero tan sorprendente como admirar esta joya arquitectónica del siglo VIII antes de Cristo, esculpida en la montaña gigante de piedra, es atravesar el estrecho cañón para acceder a ella.

Imagina un espacio desértico rodeado de montañas de arenisca sin una brizna de vegetación. En algunas de esas moles de piedra roja, -dependiendo de la luz, casi vino-, la erosión se ha engullido gran parte de la roca formando un cañón. Y ahí estás tu, atravesando un desfiladero de gran altura que en algunos tramos tiene una anchura de poco más de dos metros. A veces, mientras recorres la distancia de un kilómetro y medio entre las dos moles de roca puedes escuchar los cascos de los caballos contra el suelo, ya que algunos turistas acceden de ese modo al lugar; también en carreta. Ellos no disfrutarán igual del trayecto y es que en Petra se cumple como nunca la premisa de que lo importante del viaje es el camino.

Y de repente, cuando menos te lo esperas, ahí está asomando entre las rocas el tesoro escondido de Petra. El vestigio más importante de una ciudad perdida y abandonada hace siglos: firme, hierático, majestuoso.

Acude a primera hora para evitar las multitudes, especialmente en verano, y para beneficiarte de la mejor luz para hacer tus fotos, cuando los primeros rayos comienzan a acariciar la fachada del tesoro.

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