Abu Simbel, los templos salvados de la presa

Bajo un sol cegador y en pleno desierto, a unos 300 kilómetros por carretera de Asuán, emergen hieráticas cuatro enormes esculturas de piedra de más de 20 metros de altura. Estas figuras, que representan los cuatro puntos cardinales, constituyen el símbolo más reconocible de los templos de Abu Simbel. Las esculturas dan paso al interior del templo, excavado en la roca y que la construcción de la presa de Asuán, obligó a trasladar, antes de acabar engullido por la enorme masa de agua.

En el siglo XIII antes de Cristo, el faraón Ramsés II mandó construir este complejo, constituido por varios templos, que por supuesto se erigieron en su honor y el de su esposa, Nefertari. Con el paso de los siglos, la arena del desierto comenzó a cubrirlos. Fue en 1968, tras un llamamiento de la comunidad internacional, cuando este complejo de templos volvió a adquirir el protagonismo que se merecía, al ser trasladado de ubicación para evitar ser enterrado para siempre, en este caso por el agua de la presa.

Muchos de los templos pudieron reubicarse, como el actual templo de Abu Simbel, otros, como el templo de Debod, que actualmente se encuentra en el parque del Oeste de Madrid, fueron donados como agradecimiento a la colaboración económica de los diferentes países para evitar que estas joyas arquitectónicas del arte egipcio se perdieran para siempre sumergidas bajo las aguas del Nilo.

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